“Para dedicarte a la panadería, tenés que tener continuidad, te tiene que gustar, y no faltar nunca
“Para dedicarte a la panadería, tenés que tener continuidad, te tiene que gustar, y no faltar nunca
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Fueron palabras de Leonardo Miguel Cajal, quien se dedica al rubro de la panificación desde hace 41 años. Hace 7 años cumplió el sueño de abrir las puertas de su panadería propia, "El Manolo" y ahora proyecta tener su rotisería. El pringlense con sacrificio y mucha dedicación, logró montar una empresa familiar, que hoy es su orgullo. 
El Día del Panadero en Argentina es, en rigor, el Día Nacional del Obrero Panadero. El nombre de la fecha hace referencia a que fue un 4 de agosto, pero de 1887, cuando se creó el primer sindicato de obreros panaderos.

El 4 de agosto fue reconocido oficialmente como Día Nacional del Panadero por el Congreso Nacional argentino en 1957. Desde entonces, la conmemoración de esta fecha es un clásico en la sociedad argentina y los círculos ligados a la producción del pan y otras delicias.
En nuestra ciudad hay muchos pringlenses que han elegido el oficio del panadero, un trabajo que no es para cualquiera, que requiere de sacrificio, constancia y responsabilidad, para que jamás falte el pan en la mesa. Éste es el caso de Leonardo Miguel Cajal, más conocido como "Manolo", quien lleva más de 4 décadas dedicado al rubro de la panificación. Sus primeros pasos en este ámbito, fueron siendo un niño curioso, interesado por este trabajo y luego, siendo más grande, logró el objetivo de dedicarse a la elaboración de productos de panificación. Hace siete años cumplió el sueño de abrir las puertas de su panadería propia, que lleva como nombre "El Manolo", ubicada en Calle 19 y 56 y ahora, su próximo objetivo es abrir una Rotisería. 

¿Dónde te criaste? ¿A qué escuelas concurriste? 

-Me crié en el barrio de Los Chorizos, a una cuadra de mi panadería, acá jugábamos con la pelota de trapo.  Esta esquina estaba cerrada con tamariscos y me la regaló un hombre, al cual ayudé cuando era chiquito, él hacía block de 12 a mano. Pasaron muchos años, como 20 o 30, y un día lo fui  a ver, él se acordaba de mí, le quise comprar el terreno, pero él me lo regaló, me llevó al Juzgado de Paz, hicimos todos los papeles, y me lo regaló.  
Concurrí a la Escuela N° 22, y por vago me echaron y me mandaron a la Escuela 501 y ahí terminé.

¿En qué momento de tu vida empezaste con la panadería?

-Éramos muy chicos y éramos pobres, salíamos a juntar cartones con mis hermanos que eran chiquitos, yo tenía 8 años, y me llamó la atención "La Flor", donde está la heladería en una esquina, en San Martín y Dorrego, que había una puerta de chapa blanca, que un día estaba abierta y me quedé parado ahí, mirando. Me decían "pedigüeño" cuando era chico y un día le pedí permiso al patrón para ayudar y me dijo que no, porque era muy chiquito, entonces le dije que me pagara con facturas, que no le iba a cobrar y así entré de a poquito. Me acuerdo que me subía arriba de un canasto para llegar a la mesa, lo hacía por necesidad, porque no cobraba sueldo, pero me daban de comer, me traía las facturas y el pan para mis hermanos.
 
¿Qué hacías, amasabas? 

-No, de chiquito  limpiaba, estiraba el pan y tortas negras, pero no amasaba. Empecé a trabajar bien de panadero a los 12 años, ya tenía súper conocimiento de panadería. A los 16, era  confitero de la Comercial, cuando era boom, hacíamos 60 latas de facturas, y me quedé de confitero cuando se fue Carranza.  Tenía ganas de aprender y lo hice mirando, porque fueron pocas las personas que me enseñaron, lo que sé, lo sé por mirar, por chusma. 
Así me fui haciendo de a poco, y hoy, si le preguntás a Serapio Machado, quién es el mejor panadero, te va a decir que soy yo,  y si me preguntás a mí, te digo que es Serapio, porque casi  nos iniciamos juntos y tenemos la misma escuela. Me gusta lo que hago, es un emprendimiento familiar,  y hoy con 49, llevo 41 años de panadero. 
Me gusta más la confitería,  pero hoy tengo la suerte de tener mi propia panadería.

¿Cuánto hace que tenés la panadería propia? 

-Hace 7 años que tengo mi panadería. Lo logré con lucha y sacrificio, nunca nadie me dio nada,  pero no me olvido de dónde vengo, porque es lo más lindo que tengo, lo he logrado con humildad, he llorado, me ha pasado de todo, pero acá estoy. 

¿Qué es lo  que más te gusta de tu trabajo?

-La confitería, siempre dije que iba  a ser confitero, y hoy tengo una panadera. No hago porque acá no hay quién consuma. Cuando termine el local, voy a hacer una sucursal en el centro. 




¿De confitería, qué es lo que más te gusta hacer? 

-Me gusta hacer tortas, polvorones, pasteles y masitas de confitería. Tuve la suerte de tener maestros buenos  y sé hacer de todo. 

¿Todo lo aprendiste mirando, curioseando?

-Sí, de metido, siempre fui muy despierto. Trabajaba con máquinas peligrosas que me podían agarrar la mano,  nunca falté a trabajar, nunca llegué  tarde, y siempre me destaqué por eso, y por lo loco que era para trabajar porque iba y venía, hacía cosas, hacía lo de los otros, no tenía problema para trabajar. 

¿Cómo empieza el día de un panadero?

-Mi día arranca a las cinco de la mañana, empiezo a cocinar, a las 9 salgo a repartir, a las 13.30 hs, termino el reparto, a las 14 hs estoy amasando el pan de vuelta para mañana y termino a las 12 de la noche, son muchas horas. 

¿La cuarentena afectó   tu trabajo? 

-A la cuarentena le busqué el lado positivo, porque me metí a vender casa por casa, así que elaboré productos como empanadas, facturas, pasteles, bizcochos, tortas de 80 golpes, de todo un poco y tocaba timbre. Así lo manejé, y creo que ahora voy a empezar a hacer lo mismo, porque la gente no anda, está asustada. 





¿Qué objetivo tenés en un futuro? 

-Tener una Rotisería, está en los planes,  porque hago empanadas árabes, empanadas cortadas a cuchillo, y otras clases de empanadas, las elaboro junto a mi señora. Siempre le digo a mis amigos, que para ser un buen panadero, si moriría y volviese a nacer, me gustaría encontrarme nuevamente con mi mujer, casarme y tenerla al lado mío, porque ella es una excelente compañera. Uno de mis hermanos, el Congolito, me vio haciendo empanadas con ella,  y  nos dijo "ustedes se tienen que dar a conocer", "se tienen que poner una rotisería en el centro". Así que ese será mi futuro negocio, aunque la panadería no la voy a dejar.  

¿Qué tiene que tener una persona para dedicarse  a la panadería? 

-Para dedicarte a la panadería, tenés que tener continuidad, te tiene que gustar, y no faltar nunca, porque el pan de se come todos los días. En mi caso he ido lloviendo a trabajar,  anduve caminando 20 años y jamás falté a trabajar.
 
¿Alguno de tus hijos está interesado en tu rubro?
 
- Sí, tengo 7 hijos y algunos están interesados en el rubro, como Ludmila y el pibe de 17 años que me ayuda a cocinar. Les gusta, es lo que les tocó, yo calculo que la panadería será para ellos.





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