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Roberto Mandrini restauró un caballo de carrusel con más de 150 años de historia

El reconocido escultor pringlense culminó un desafío inédito en su carrera: la restauración de un antiguo caballo de calesita construido en madera de cedro y con más de un siglo y medio de antigüedad. Tras un minucioso trabajo artesanal, logró devolverle su aspecto original y preservar una pieza histórica.

Roberto Mandrini restauró un caballo de carrusel con más de 150 años de historia
El escultor pringlense Roberto Mandrini volvió a demostrar su talento y dedicación al concretar una restauración muy especial. Se trata de un antiguo caballo de carrusel de más de 150 años de antigüedad, una pieza artesanal realizada íntegramente en madera de cedro que llegó a sus manos en un estado de importante deterioro y que, luego de semanas de intenso trabajo, recuperó su esplendor original.

El artista explicó que fue la primera vez que afrontó un desafío de estas características. "Hoy en día estoy restaurando esto, un caballo de calesita. Es la primera vez que hago una restauración de este tipo. Está hecho en madera de cedro, con partes reforzadas con hierro y bases completamente de madera", comentó.

Según relató, la pieza presentaba roturas en distintos sectores, incluso en zonas muy delicadas. "Estaba roto por todos lados. Hasta una de las orejas tuvo que llevar una reparación muy grande. Después lo pinté respetando los colores originales que tenía", señaló.

Mandrini estima que el caballo perteneció a un carrusel construido hacia fines del siglo XIX. "Estamos hablando de una pieza de más de 150 años. Es increíble el trabajo artesanal que tiene. El ojo está hecho con una bolita colocada a mano, tiene muchísimos clavos y toda la estructura fue realizada en distintas piezas de madera encoladas", explicó mientras mostraba los detalles de la restauración.

El escultor destacó además la calidad del material utilizado por los artesanos de aquella época. "El cedro es una madera extraordinaria. A pesar de los años, resistió muchísimo. Es un caballo pesado porque es macizo, aunque está construido por partes que luego fueron ensambladas", indicó.

Uno de los mayores desafíos fue reconstruir las zonas completamente destruidas. "Las orejas las hice nuevamente con madera, tallándolas y encastrándolas para que quedaran como originalmente. Todo hubo que hacerlo artesanalmente", explicó.

El trabajo no estuvo exento de dudas. "En un momento pensé que no lo iba a poder restaurar porque estaba muy complicado. Me llevó bastante tiempo, pero de a poco lo fui acomodando. Cuando uno empieza a pintar y a ver cómo vuelve a tomar forma, aparece otra satisfacción", expresó.

Con evidente orgullo por el resultado final, Mandrini aseguró: "Volvió a la vida. Ese era el objetivo. Son piezas que forman parte de nuestra historia y merecen conservarse".

La restauración fue realizada por encargo de un particular que adquirió la antigua pieza con el propósito de recuperarla como objeto de colección. "Son reliquias que se compran justamente para restaurarlas. No es sencillo trabajar con objetos tan antiguos, pero cuando se pueden salvar es una enorme satisfacción", afirmó.

El escultor recordó que este tipo de carruseles llegaban desde Europa hacia Buenos Aires durante el siglo XIX. "Eran trabajos de primer nivel que hoy prácticamente no existen. Son piezas únicas y con muchísimo valor histórico", sostuvo.

Además de su reconocida trayectoria en la escultura, Mandrini explicó que desde hace años desarrolla una intensa labor como restaurador de objetos antiguos. "Arreglo esculturas, muebles complicados y muchas piezas antiguas. Lo que más restauro son cuchillos, tanto la hoja como los cabos, ya sean de plata, oro o cualquier otro material", comentó.

Esa experiencia artesanal fue clave para afrontar este nuevo desafío. "Con el tiempo me fui convirtiendo cada vez más en un artesano. Conozco los materiales, las técnicas y eso ayuda mucho cuando aparecen trabajos como este", explicó.

La restauración del histórico caballo de carrusel no sólo representa un logro personal para Roberto Mandrini, sino también un valioso aporte a la preservación del patrimonio artesanal. Gracias a su paciencia, conocimiento y oficio, una pieza con más de un siglo y medio de historia volvió a lucir como en sus mejores tiempos, lista para seguir despertando admiración durante muchos años más.

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